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Canción de hielo y fuego.

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Canción de hielo y fuego.

Mensaje por Invitado el Jue Ene 05, 2012 3:42 pm



Unos, dos, tres, cuatro, cinco, seis…. Mil novecientos noventa y nueve…

El dolor seguía allí, sin moverse. Mi pecho subía y bajaba en una respiración fuerte, pero no sentía alivio, mis pulmones estaba quietos cuales piedras. Y mis manos y pies, están atados al dosel de la cama, cuando intento moverme la cama tiembla bajo mi cuerpo y mi garganta suelta un bufido. No entendía por qué tanta ira en mi interior. Era como sentir mi alma gritar, arañar las paredes de mi cuerpo intentando salir por la boca para poder escapar.

Cada vez que respiro me llega un olor fuerte y que me hace ponerme más nerviosa. Vuelvo a moverme esta vez notando como el dosel cruje amenazando de romperse. No estaba ejerciendo tanta fuerza, o eso creía.

No, no sabía que me sucedía, pero por alguna razón estaba atada. En mi yacía una fuerza bruta, una bestia indomable que aullaba de sed, pero vuelvo a repetirlo… No lo sabía.

La mujer de cabello oscuro apareció por la noche, con una sonrisa radiante en su rostro. Cortó las cuerdas de mis muñecas y tobillos para luego, con el vestido que lucía hacia unos días ahora decorado con manchas carmesí, me dirigió hacia una habitación que había al otro extremo del palacio. Cruzamos por el salón de fiestas, encontrándome allí con cientos de cuerpos sobre el suelo… Habían invitados, otros no los reconocía, su ropa no era de alguien rico, eran… personas normales.

-¿Los ves?-Su voz tan sumamente femenina me estremeció- Ellos creían en nada…. Ahora son nada. – Acaricio mis cabellos despeinados mientras seguía empujándome.

Caminando por el pasillo temblé, había un sonido que me dejaba sorda.

Bom-bom…. Bom-bom…Bom-bom…

Abrió la puerta para dejar paso a nuestros cuerpos, y para cuando lo vi todo, el sonido era frenético;

Bom-bom-bom-bom-bom-bom-bom.

Catalina sollozo e intentó ir hacia mí, pero maniatada como estaba no pudo más que inclinarse hacia adelante.

Y pensareis… sentiría pena, aflicción,…

No, no sentía nada de eso. Solo quería que aquel sonido se acabara, que me dejara tranquila, y que mi pecho dejara de dolerme. El amor que siente cualquier hijo hacia sus padres en ese momento dejo de existir para ceder a la naturaleza sobrehumana.

La mujer me empujo por última vez, haciéndome tropezar para luego, tras de mí, escuchar un portazo dejándome sola frente a ellos. Mire a Iván provocando que el sonido se agudizara y me hiciera apretar la mandíbula. Note en mi boca algo raro que intente averiguar con mi lengua, para mi sorpresa me pinche con la punta de algo afilado. Mi madre intento decir algo, pero estaba amordazada con un trozo de tela y no salían más que pequeños jadeos.

Camine hacia ellos, quizás pensando en que hacer, pero la verdad era que solo contemplaba una opción, y era acabar con aquel sonido. Me agache frente a mi padre, y antes de cerrar los ojos para parpadear tenía mi boca pegada a su pecho, aquello obligo a Iván a gritar como podía amordazado y cayendo al suelo para que yo me quedara de rodillas en este.


Empecé a beber con ganas, el líquido era caliente, espeso y tenía un sabor francamente aun más apetecible que toda la comida en el mundo. Me aferro con más fuerza y sé que las costillas se han roto porque noto su corazón cerca de mis dientes…

¡Reproduce ahora el vídeo! Gracias.


…Sus corazones, era eso, ese sonido, eran sus… corazones.


Cuando me separo contemplo el cuerpo sin vida, pálido, sin gota de sangre. Todos sabemos ahora que un cuerpo humano contiene cerca de cinco litros de sangre, pues después de beberla toda, aun quería mas.

Me volví hacia Catalina, quien, tendida sobre el suelo, intentaba quitarse la mordaza restregando su rostro por el suelo. Lo consigue, incrédula la miro.

-Iney, Iney… No, basta- Decía entre lágrimas- Eres mi hija, la futura Reina de Rusia, Iney, Iney, In…

Sonreí y me acerque a ella mientras hablaba, cuando mi mano percibió el pulso en su cuello, en un movimiento rápido rompí su voz mientras bebía de su cuello.

Dos minutos después, saciada, me separe de Catalina. No había acabado con su vida, la había dejado al borde de caer en ella. Sus ojos aun brillaban y dejaban escapar unas cuantas lagrimas mas… La mire y volví en mi, mi mente volvió a funcionar.


-Mama, ¡Mama!- Me tire al suelo a su lado, y agarre su rostro para que me mirara.

-…Sh…shh…-Llego a decir con voz muy débil.

Me acerque a su cuerpo, frio como las mañanas y tembloroso como una hoja frente al viento, me acurruque en su pecho y, notando como ella apoyaba su cabeza sobre la mía, mientras susurraba una nana Rusa antigua, note como su corazón me dedicaba su ultimo latido justo cuando la nana se termino.


Nadie sabrá lo que mi interior experimento.

Si eres humano, solo tienes que pensar en cómo te sentirías realmente al perder a tus padres, o a tu madre, o a quien más quieres en este mundo… y sabrás, por una pequeña parte, lo que sentí.

Me mantuve quieta bajo la cabeza de mí querida madre, tenía mi frente sobre su pecho y jugaba con su colgante, no era más que su anillo favorito atravesado por una cadena. Pasaron horas, días… hasta que volví a sentir aquella sed tan fuerte en mí. No acababa nunca, por mucho que me saciara, quedaba allí el reflejo del dolor, alertándote, de que lo volverás a sentir…

Acojo con delicadeza el rostro de mi madre contemplando cómo sus ojos siguen abiertos sin brillo, los cierro y deposito un beso en cada parpado intentando pedir perdón, aunque ya es inútil. Me pongo en pie tras quitar el anillo de su collar y guardarlo en mi mano como un gran tesoro, tendrían que cortarme la mano si deseaban quitármelo.

Y me voy, dejando allí los cuerpos de mis progenitores. Sí, se merecían un entierro digno, pero en ese momento la sed era lo que me importaba.

Abandone el palacio llevándome tan solo aquella joya antigua. Sacie mi sed con humanos, cuando tenía suficiente era cuando el remordimiento me torturaba… y pasaba días escondida en una cueva, abrazada a mis rodillas, sin poder derramar una lágrima.

Tres meses más tarde, había recorrido países que estaban junto a Rusia, acabando con aldeas y pueblos en unos cuantos días… No, aun mi sed no estaba descontrolada, pero faltaba poco.

Vi llegar la guerra un amanecer, grandes galeones cruzaban el mar y dejaban a miles de humanos bajar. La dinamita se hizo presente en los siguientes años, Rusia sufrió cinco años de guerra en lo que intente aparecer, conseguía matar a los soldados, pero pronto llegaban más y más… Una guerra no era como yo la imaginaba.

Me marche por mi propio pie, cobarde de seguir viendo como la nación se rompía, desaparecía ante el manto de la muerte… El palacio quedo en ruinas, y con el dentro, los huesos de Catalina e Iván.

El dolor se estaba formando en mi interior, creía morirme cada vez que lo sentía, cada vez que lo pensaba. Y cada vez dolía más, sentía más culpa, más remordimiento… y cada vez mataba más.

Jamás he podido quedarme en un país, si lo hacía acabaría con la existencia de su nombre, y es ahí cuando mi sed culmina sus límites, ya no busco a simples humanos, busco a pequeños bebes recién nacidos, tachándoles la oportunidad de vivir, de crecer. Haciendo pagar al mundo por lo que había hecho a mi gente. Mis ojos no cambian de color durante décadas, el azul cielo se convierte en un color muy claro, parecido al blanco que deja aislado a mi iris, una pequeña mancha en el interior de mi ojo que resalta como ningún otro color.
Son todo lágrimas por donde paso, queman los cuerpos, preocupados porque ese fatídico virus se expanda más allá de esas casas, y cuando lo hace, el pueblo entero está en llamas.

Un amanecer sentada en el banquillo de la iglesia, intente rezar inútilmente, quizás pidiendo a gritos querer sentir el dolor, estaba cansada, derrotada y para mí no tenia explicación.

El párroco de aquel lugar se sentó a mi lado y dibuje una extraña sonrisa.

-¿Qué sucede, hija?-Fue a decir.

Estuve segura de que si miraba a ese hombre en ese preciso instante, hubiera muerto de un ataque al corazón, pero me mantenía con la cabeza agachada, con los ojos escondidos casi. Dibuje una sonrisa infantil en mi rostro, y el hombre fue incapaz de contarlo, mis colmillos lucían en su carne hacia segundos.

Si, no sentía dolor alguno en esos años, el dolor lo hacía sentir a las otras personas desconocidas para mi, sin beber su sangre me entretenía cortándole los dedos, los pies,… hasta que morían desangrados o desfallecían por el dolor. Era mi peculiar forma de hacerles sentir aquello que yo había dejado de un lado y a su vez vengaba una muerte de Rusia. Pero no tenia lógica, ni la tiene ahora… Aquello provoco que fuera perseguida a muerte, por suerte, conseguí hacerles perder mi pista.

Era un sinfín, ahora Australia, Italia, Alemania… no creía saber cuándo tenía fin. Pero una mujer supo cómo frenar aquella sangrienta vida, y fue antes de ver a su familia perecer bajo mis colmillos.





To be Continued...
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Re: Canción de hielo y fuego.

Mensaje por Invitado el Vie Ene 06, 2012 8:33 am

T_____T
Me quedé así
Que hermosa la historia y sobre todo fría y cruda.
Cada vez amo más ese personaje
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